| La Marmita de Mario |
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| Escrito por Luis Antonio Alías | ||||||
| Jueves, 21 de Octubre de 2010 00:00 | ||||||
La ruta de los brillos
El edificio, esquinado entre dos peatonales, preserva sus materiales y formas del siglo XIX con paredes de gruesa mampostería, balcones enrasados, techos de vigas y mobiliario de talla. Una vinatería sirve de recepción a los dos elegantes y cálidos comedores del primer y segundo piso, plenamente adecuados para unas especialidades clásicas y cosmopolitas devotas de las materias genuinas, los gustos certeros y las presentaciones mesuradas. Detrás está Mario, un gijonés recriado en Villaviciosa que adquirió la vocación al lado de dos cocineras hogareñas, su abuela y su madre: «Visto que no dejaba de enredar por mi cuenta decidieron nombrarme ayudante y enseñarme algunas de las mejoras cosas que sé, que si bien mi familia poseía una importante empresa de limpieza, todos gustamos de la buena mesa» –dice. Y añade: «Mi padre repetía que un ingrediente de calidad, trabajado con humildad y sencillez, jamás defrauda, y sigo el consejo, ciertamente añadiendo cambios medidos y cautelosos». Tal entorno le hizo formar parte de la primera promoción de la Escuela de Hostelería de Oviedo, y terminada la carrera asumió la responsabilidad del restaurante Cantábrico, en la encrucijada de Venta las Ranas: «Estuve seis años estupendos, pero era muy joven y necesitaba moverme». Así que entró en la empresa familiar sabiendo quel alejamiento del mandil y los fogones no pasaría de transitorio, y aprovechó para viajar, conocer, comparar y anotar ideas. Luego, en perfecto estado de madurez y gracia, retornó y reabrió un lugar histórico con el fin de continuar su propia historia y camino; el acierto resultó indiscutible. La picona y dulce densidad de su risotto de roquefort, pasas y nueces; la golosa y perfumada terneza de su lasaña con brie y salsa de trufas; la suavidad fortalecida de su asadillo de verduras con rulo de cabra gratinado; el glorioso salteado de alcachofas con zamburiñas; la imprescindible tarrina casera de foie; el firme y herbal atún rojo a la parrilla con mojo verde. Los elegantes lomos de merluza con trigueros y langostinos; las gruesas y nacaradas lajas del bacalao al horno en punto de sal; los domeñados, intensos y montunos carré de recental braseado y jabalí guisado y la adictiva crema de arroz con leche constituyen una magistral carta de presentación. Y tomar el menú un lujo que podemos y merecemos darnos. |
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| Última actualización el Martes, 30 de Noviembre de 2010 18:19 |
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