Su solomillo al foie creó escuela, aunque alcanza su mayor virtud con cabotajes y rulas
La puerta, profunda, normalmente cerrada y forrada de lustrosa madera con apliques de bronce, puede originar, en la mínima calle dedicada al máximo Adeflor, cierta timidez de apertura al recién llegado. Supérese, que dentro todo es bienvenida.
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Dirección: C/ Periodista Adeflor, 3. Gijón
Teléfono: 985 347 534
Jefe de cocina: Vicente Crespo Garrido.
Jefe de sala: Marcos Crespo Rodríguez
Cocinero: Óscar Abadín.
Sommelier: Antonio Galán.
Apertura: 1994.
Menú semanal: 15 euros (sin bodega).
Menú degustación: 49 euros (sin bodega).
Bodega: magnífica; con clásicos y autorías de casi todas las D.O.
Mantelería, cristalería y vajilla: de calidad.
Tarjetas de crédito: se aceptan.
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La puerta, profunda, normalmente cerrada y forrada de lustrosa madera con apliques de bronce, puede originar, en la mínima calle dedicada al máximo Adeflor, cierta timidez de apertura al recién llegado. Supérese, que dentro todo es bienvenida. Y aires marineros, los de las tablas, redes, timones, cuadros y maquetas navales que visten de camarote el bar y los comedores, marco justificado y sustanciado por especialidades cantábricas meticulosas e intemporales. El salpicón de centollo, las patatas con langostinos, el pulpo amariscado, los arroces costeros o los pescados del día a la parrilla, plancha y horno, poseen sabidurías y habilidades de viejo cantinero con técnicas y presentaciones de chef actual.
Tras dos entradas irrenunciables como las croquetas líquidas de morcilla y los higos rellenos de foie y cebollitas confitadas, la mar domina en ingredientes y demandas. No obstante las carnes merecen igual atención: la codorniz rellena de foie al vino, los solomillos de pato sobre risotto o el entrecot de ternera a la criolla atraen visualmente y convencen palatalmente.
El bonito, una invitación que nos hace la temporada, toma forma y virtud de , rollo, hamburguesa y mechado, mientras el bacalao, del nacarado lomo al intenso hígado, alcanza iguales variedades, originalidades y maestrías. Añádase que Vicente, atinado saucier, baña de oricios los medallones de solomillo y prepara unas vinagretas con vino, pimiento, tomate, pasas o piñones sutiles y melosas.
Los postres rebajan dulzores en beneficio de frescuras y riqueza de matices. ¿Un par de ejemplos? La manzana rellena de arroz con leche o el helado de aceite con tomate confitado y galleta de pistachos.
Vicente Crespo, cacereño de nacimiento, leonés de crecimiento y gijonés de adopción, entró en cocina para pagarse los estudios y continuó para ganarse la vida. Poseía vocación y capacidad. «Las habilidades culinarias de Josefa, mi madre, fueron el punto de partida», asegura. La experiencia pasó por establecimientos madrileños, por el ovetense Hotel España, por el Samoa o por Del Arco. También impartió clases. Finalmente echó ancla en puerto propio y con Marcos, su hijo y su mejor alumno, acaba de asumir un ilusionado y audaz proyecto: el restaurante Doble Q del Bal Hotel, un cinco estrellas en Quintueles que ha de dar mucho y bueno que hablar. Y del que pronto hablaremos, por supuesto.
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