| Casa Eutimio |
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| Escrito por Luis Antonio Alías | ||||||
| Jueves, 03 de Septiembre de 2009 00:00 | ||||||
De Aida y Eutimio a María y Rafa
Tras larga y fructífera trayectoria presidida por un sacrificio y esfuerzo constantes, con Ada en la cocina y las mesas, Eutimio en la barca pesquera y la barra, y ambos enveredando por el camino de la mejor crianza a sus siete hijos, este ejemplar matrimonio goza de una merecida jubilación aunque –nos tenemos– peque de tardía e incompleta.
La casona que adquirieron y reedificaron por completo después de regentar el vecino y humilde restaurante Miramar no sólo acoge comedores refinados oteadores de mar, también se prolonga en hotelito con encanto y avecina la fábrica de selectas conservas que lleva el nombre patriarcal y el indeleble sello guisandero matriarcal; allí enlatan entre otras especialidades y para satisfacción de gourmets comodones, calamares de potera, fabes con almejas, garbanzos con bacalao y centollo o pastel de salmonete y oricios. Hay, por lo tanto, mucho que atender, y la marca de la casa siempre asegura la mejor atención. María y Rafa, los dos únicos hijos que prolongan la tradición hostelera –el resto prefirió caminos profesionales menos sujetos– recogen el testigo con la pasión y decisión de quienes se saben herederos de una institución cargada de prestigio.
Ambos pasados por escuelas oficiales y prácticas cosmopolitas, ambos sabedores que el nivel cumbrero alcanzado por sus padres sólo lo proporciona el magisterio de la vida, evitan cualquier mistificación o modernización de un repertorio que lleva casi medio siglo provocando peregrinaciones: la merluza estilo Eutimio con su aromático toque de jerez, los pescados y mariscos antes directamente sacados del mar y ahora severamente seleccionados en la rula vecina y preparados sin otra complicación que el respeto y el punto, las parrilladas y calderetas… Y la fabada, les fabes con almejes y el pote asturiano aprendidos en las aldeas natales a pie de matanza y güela.
«Soy joven, tuve excelentes maestros y es lógico que necesite ensayar, experimentar e innovar, pero para eso dispongo del ancho campo de las entradas y los postres» –declara María. Y puesto que hace un año esta guapa neña y consumada cocinera nos dio el susto de afrontar –y la satisfacción de vencer– una grave dolencia con la entereza, valentía y optimismo de los Busta Rosales, podemos estar tranquilos: Lastres mantiene firmemente anclado su veterano y luminoso faro gastronómico.
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| Última actualización el Miércoles, 15 de Septiembre de 2010 17:05 |
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