| Hostería de Torazo |
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| Escrito por Luis Antonio Alías | ||||||
| Jueves, 06 de Marzo de 2008 00:00 | ||||||
Un comedor en la cima
Allí, tras el quiosco de música y la capilla de la Virgen, la Hostería abraza el altozano y une espacios, alturas y cristaleras que dominan flancos suaves de valles y praderas, y flancos fieros de sierras y cordilleras: al norte se adivina la costa maliaya y lastrina, y al sur cierran el horizonte los picos de Peña Mayor, Ques, Xiblaniella, Aves, Pandemules y Carangues. Los viajeros pueden elegir entre una treintena de habitaciones amplias, modernas e integradas en los plurales paisajes. También decidirse por un terapéutico circuito balneario: el lugar relaja por sí mismo pero las técnicas rehabilitadoras suman alivios y placeres. Y por supesto ocupar mesa en los sobrios y elegantes comedores, que la oferta culinaria destaca y convence. «La mayor parte de nuestros clientes son asturianos que vienen exclusivamente a comer o a cenar» -comenta Gema, la directora comercial. Y eso que para disfrutar de un completo fin de semana en el hotel, ya conocido y solicitado en todo el país, resulta imprescindible reservar con antelación. Al degustar las especialidades que la carta ofrece, y que María Gabriela imagina y compone con un amplio equipo, adquiere su pleno sentido el desplazamiento. Hija de Dolores y Maximino, propietarios del Hostal Náutico de Villaviciosa, aprendió oficio al compás de sus primeros pasos y lleva tiempo añadiendo fuerza al cada vez más nutrido grupo de cocineras -de ‘chefs’ por huir del género- que en investigación, creatividad, originalidad y perfección técnica no desmerecen de colega alguno. Por base lo local y lo asturiano, que Cabranes, lugareños y foriatos así lo demandan. Podemos decidirnos por una cabal fabada asturiana, un arroz con pitu de caleya, unos pescados del día, unos despieces de carne roxa, un arroz con leche o unos frixuelos rellenos de crema de manzana. Y podemos elegir ‘aggiornamenti’ tentadores y cautivadores: los crujientes caramelos de sabadiego con reducción de vino tinto, los demandados tortos con fuá y jamón ibérico en salsa agridulce, el espléndido y complejo milhojas de verduras gratinadas, la estampa rural y densa de la crema de castaña bañando un logrado ravioli de morcilla, la capitular presencia de las setas -tarta de boletus al oporto, timbal de verduras y setas con perdiz escabechada, solomillo de cerdo ibérico con salsa de boletus, salteados de temporada- que llevan sabor de bosque vecino al plato. Igual que el lechazo asado a baja temperatura, el jabalí guisado con castañas o el lomo de venado en salsa de higos y manzana. Una amplia degustación, una reparadora siesta y una saludadora sesión balnearia, especialmente en los tranquilos días laborables de la temporada baja, renuevan el cuerpo y reequilibran el espíriutu; el riesgo por escaparnos y hacer novillos queda sobradamente compensado.
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| Última actualización el Miércoles, 15 de Septiembre de 2010 17:01 |
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