| Casa Pertierra |
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| Escrito por Luis Antonio Alías | ||||||
| Jueves, 01 de Julio de 2010 00:00 | ||||||
Sabiduría y carácter
Un hijo que custodia los platos de raíz clásica y ejecución impecable popularizados por el padre y maestro en su larga y ejemplar trayectoria, y que amplía horizontes con creaciones y fusiones sólidas, sugestivas, intensas, persuasivas y gustosas. Los santiaguinos al vapor, el pixín al horno, la merluza a la sidra, las anchoas caseras o un rodaballo con los tiernos cachelos de la comarca son algunos de los sólidos cimientos que sostienen la versatilidad de puntos, maridajes, acompañamientos y contrastes ofertados por una carta creadora de grandes expectativas, y por una realidad que las cumple con largueza. No hay miedos, ni prejuicios, ni cortapisas a la acción emprendedora y creativa: José Manuel Santiago ejerció una capacidad y una libertad creadoras que supo inculcar en Alfonso, y que otro de sus hijos, Pepe Santiago, ejemplariza con su grupo hostelero y sus fomentos empresariales y culturales. Fruto de este intergeneracional arrojo innovador, Alonso borda la suprema de morcilla y compota de chorizo, las cocochas de merluza con risotto de champiñones y gomasio, la sopa ligera de foie-gras con garbanzos y almendra tostada, el pollo de casa estofado con pasta fresca y champiñones, el suflé de castañas y caldo de avellanas tostadas, la infusión de frutos rojos con helado de requesón y remolacha cristal y una poética relación de ‘lambiadas’, pequeña fracción de lo que maquina para que Tapia, la del poético puerto de alineadas barcas, la del faro isleño, la de los cañones dispuestos a rechazar piratas y la de las olas codiciadas por surferos del mundo entero, no se duerma ni se ensimisme en lo obtenido. La pauta paterna sirve de modelo, que José Manuel construyó carreteras y puentes antes de guisar potes, conoció la humildad de las ayudantías y las responsabilidades de las jefaturas –dirigió la del ovetense Hotel Principado en su época más relevante– y abrió otras puertas antes y además del Palermo, nombre que homenajeaba su fructífero paso por el homónimo establecimiento gijonés. Aprendiz, ayudante, colaborador, apoyo necesario para el desarrollo de novedosas ideas compartidas como los blocs y mousses de la selecta conservera de ‘delicatessen’ que amplía actividades y suma horizontes, Alfonso Santiago ajusta y pule la engañosa sencillez de unos calamares en su tinta con arroz blanco, o del golpe de calor y el sofrito, y domina chutneys, algas frescas, crujientes, gelés, caramelizaciones, espumas, aromatizaciones y cuanto envuelve la alquimia natural del sabor. «Mi padre estaba oficialmente retirado, pero venía diariamente a su entorno natural para probar y aconsejar; siempre mantuvo la llama de las inquietudes y de los proyectos», afirma Alfonso. Por otra parte, los nietinos le reverdecían afectos y le ampliaban porvenires. Resulta triste escribirr, repetimos, una crónica en estas circunstancias, pero el Palermo continúa espléndido: prolongarse en los hijos es la mejor forma de permanecer.
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| Última actualización el Martes, 14 de Septiembre de 2010 15:40 |
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