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| El Sibarita |
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| Escrito por Luis Antonio AlÃas | ||||||
| Sábado, 18 de Julio de 2009 00:00 | ||||||
En la ribera del Nalón bajando a la Rula
El nombre llama la atención. Y no engaña. Para comprobarlo basta unirse a la numerosa clientela que suele colmar el comedor y que, casi desde el primer dÃa, lo publicita con entusiasmo por el fiable y eficaz boca a boca. Que la Rula de San Juan de la Arena esté justo delante, y que la ribera de la rÃa del Nalón, con San Esteban de Pravia al otro lado, marque el costado, proporciona mas que paisaje; en realidad da razón y medida de una oferta esencialmente marinera, apasionada por las materias primas locales, sin complicaciones pero detallista, amiga de los sabores originales y marcados, y popular sin cesión o concesión alguna.
AgustÃn nació en braña vaqueira (y de San MartÃn de Luiña, la parroquia de los letreros discriminadores), casó con vaqueira valdesana y, miembro de una comunidad dura y aventurera, buscó hacerse una profesión en las cocinas del lujoso Hotel Palace madrileño que dirigÃa por entonces el también vaqueiro y paisano Daniel Castro. Allà aprendió y ascendió durante doce años, Luego retornó a la comarca natal, pasó por varios restaurantes conocidos y acabó abriendo el suyo.
En el bar, y en el comedor acristalado con vistas, impera la sencillez propia de una casa de comidas marnueta; sus máximos poderes llegan con los pescados rulados frente por frente y preparados a la espalda, el horno o la cazuela, y con los mariscos impecablemente cantábricos, y con unas almejas a la marinera que extienden fama, y con unas calderetas y arroces superlativos…
A veces AgustÃn revive capÃtulos del Palace –recordemos anecdóticamente que la Suite Real de este cinco estrellas del centro del la Villa y Corte ronda el millón de pesetas diario– y recupera los consomés gelées, los soufflés de de verdura, la langosta thermidor o el tournedó Rossini que se continúan sirviendo bajo las lámparas de Murano, las butacas francesas, las sillas isabelinas, las telas italianas y las esculturas españolas de aquel restaurante y terraza. Hay que agradecer la fabada canónica, el meloso lenguado relleno o -en el corto espacio de tiempo que ahora dejan- la nostálgica y emblemática cazuelita de angulas con su oliva crepitando y su guindilla coloreando la blancura de los alevines. Y todo lo demás. |
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| Última actualización el Jueves, 16 de Septiembre de 2010 10:31 |
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