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| Villaviciosa Golf |
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| Escrito por Luis Antonio AlÃas | ||||||
| Jueves, 08 de Septiembre de 2011 00:00 | ||||||
Del hoyo al delicioso bollo
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Dirección: C.N. 632 - Km. 45 (a 1,5 Km de Villaviciosa).
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Y a Paul lo del caucho no le iba. Lo que sà le gustaba era participar en txokos y cofradÃas hasta que, apenas inaugurada la adolescencia, quiso jugar a cocinero. Y el juego se hizo razón y destino: estudió los cursos elementales en Tordesillas y la carrera en San Sebastián. Seguidamente adquirió experiencia por restaurantes sonoros de Zarautz, Valladolid, Valencia, Tenerife o Bayona.
Y llegó a Asturias. Su hermana, Ana MarÃa es la mujer de nuestro calderetero Jorge GarcimartÃn, y compartió durante un tiempo las imaginaciones de Poda en Verde antes de pasar por el Palacio de Luces, el Hostal de Torazo y Trébede.
Hace unos meses, mientras se relajaba haciendo unos hoyos en el vistoso Villaviciosa Golf, los propietarios, conocedores de sus otras habilidades, le ofrecieron llevar el restaurante del campo.
Un restaurante integrado en otra entidad, no obstante disponga de acceso libre y puertas abiertas a cualquier comensal que por allà se deje caer, comporta riesgos. Y Paul intenta solucionarlos con menús sorprendentemente económicos para lo ofrecido –los arroces del martes, las patatas guisadas del miércoles y los potajes del jueves llegan con el toque propio de una maestrÃa largamente ejercitada– que además cuentan varias entradas a escoger: el dÃa elegido disponÃamos de un refrescante salmorejo, una ligera escalibada o un intenso paté de queso con dulce.
Y luego le toco turno al delicioso arroz de grano suelto, textura en justo dente y jugosos pulpo con langostinos por compangu.
Nunca faltan alternativas, y los fines de semana se multiplican las opciones, que Paul, apasionado de los arroces –el del señorito (no lleva cáscaras ni huesos) o el de bacalao merecen encargo– toca cualquier palo con armonÃa, abundancia y economÃa. Y de valor añadido, los comedores interiores y las amplias y soleyeras terrazas regalan unas vistas del Pedrosu, la Villa y los cordales maliayos que incluso nos podrÃan mover a ser indulgentes. Pero aquà no cabe la indulgencia, cabe el reconocimiento..
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