Marco nuevo para una rica veteranÃa
Un gran chef puede cambiar la ubicación de su restaurante a voluntad, que la clientela le seguirá –es el caso– de un lado al otro de la rÃa y de la vecindad del Cuera a la del Sueve
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Propietario y cocinero: Antonio Romero Abajo.
Dirección: Tereñes, 64 - Ribadesella
Teléfono: 985 857 130.
Descanso: Ningún dÃa.
Menú laborables: 12 euros.
Tarjetas de crédito: Se aceptan.
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Antonio Romero dejó Cuerres por Tereñes, pues en el chalet que antes ocupaba el restaurante El Práu reubicó su Casa Antón.
«Sencillamente encontré un local más adecuado para los fogones y cacharros que necesito» –dice mostrando la holgada cocina donde realiza las cotidianas alquimias alimentarias mientras potas, hornos, fuegos, vapores, ingredientes, tablas y trinchados iluminan, bullen y perfuman.
El comensal recién llegado, por su parte, prefiere que le sirvan el plato en su perfecta arquitectura final y mientras tanto mira y admira el entorno de praos, de casinas dispersas junto a carbayeras, de palacetes indianos anunciados por palmeras y de vacas que la rasa hasta el acantilado vuelve doblemente perezosas.
Cierran los horizontes el Picu Pienzu y el Cantábrico, dos señeros telones.
Claro que Antonio, o Antón, tratándose de quien se trata, aunque guste de locales rurales, amplios, vistosos y soleyeros, éstos sólo ponen marco de silla, mantel y mesa a una de las personalidades más diestras y creativas de nuestra culinaria profesional: la suya.
Y no se trata de un elogio escaso en argumentos y bibliografÃa; alumno de grandes maestros y maestro de grandes alumnos, suele recorrer importantes establecimientos por toda la geografÃa española que le anuncian como perito del bacalao; también imparte lecciones teóricas y prácticas de ‘nouvelle cuisine’ a las amas de casa, que resulta provechoso y dietético actualizar los viejos, recios y acreditados modos tradicionales con cocciones frÃas, puntos justos o ligerezas necesarias.
Llegados a este punto hay que aclarar que Antón padece –defecto discutible– un total desinterés hacia los escenarios mediáticos; y no por orgullo, sino por timidez.
Aún asà despierta amplia atención y consideración por los potes con pantruque, los pescados de roca planchados al simple y exacto golpe de calor, los arroces cremosos, los rabos de toro melosos e imaginativamente acompañados, o los ya citados bacalaos a las trescientas sesenta y cinco maneras, trescientas sesenta y seis si toca año bisiesto.
Y luego, según la temporada lo marque, pone manos a la imaginación y la obra, y con setas, con oricios –arcinos aquÖ, con verdinas, con chipirones, con bonito, con caza y con lo que mejor corresponda prepara platos a su manera siempre convincentes por la construcción y la satisfacción.
Vaya de final un breve apunte biográfico: Antonio, bilbaÃno de Santurce, desarrolló espontáneamente y desde la primera adolescencia, sin la tradición familiar que a veces inclina, una sólida vocación por recetarios y guisos; tras pasar periodos formativos en restaurantes del Bilbao Viejo, Las Arenas o Algorta ascendió, sobradamente demostrados méritos y capacidades, a chef del Alabardero madrileño, el Meridiano marbellà e –iniciando su naturalización asturiana– los ovetenses Del Arco, El Tizón, La Corrada del Obispo, La Gruta o Latores.
Un currÃculo que le fundamenta para preservar glorias y añadir brillos a una cocina cantábrica –vizcaÃna y riosellana– con música propia.
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