EL COMERCIO y Gustatio, junto con Adarsa, Turismo de Gijón y Las Delicias, abordan la segunda edición de Gin Planet que se celebra hoy con veinte marcas de ginebra y tónica para degustar
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No se llama Ginebra por la esposa del rey Arturo, ni por la bancaria ciudad suiza. Se llama asà por las nebrinas, piñas del enebro, conÃfera a la que los holandeses le dicen ‘ginever’, los italianos ‘ginepro’ y los monosilábicos ingleses ‘gin’.
Y dispone de inventor: el galeno alemán Franciscus de la Boe, que asoció la salud al equilibrio de los fluidos corporales. Y para asegurarlo hizo el ‘aqua juniperi’, una maceración de gálbulas de enebro, rebosantes de propiedades digestivas y diuréticas, en aguardiente de cebada, centeno o trigo.
CorrÃa el año 1550 y acababa de nacer la ginebra. Los holandeses, maestros comerciantes, se encargaron de difundirla con enorme éxito y, desde 1575, las fábricas florecieron ante una demanda creciente. Pero Inglaterra, que aprovechó una de las muchas guerras del siglo XVIII para prohibir importaciones, tuvo que crear sus propias ginebras: los beneficios e impuestos de lo producido en casa, quedan en casa.
La patriótica decisión, tomada por Guillermo de Orange en 1689, logró que, cincuenta años después, casi la mitad de las casas de Londres llenaran sus bañeras de aguardiente donde flotaban nebrinas con frutas y plantas medicinales –la ‘bath-tub-gin’– y la casi totalidad de Londres pillara unas borracheras que la casa real, por muy medicinal que el brebaje fuera, no podÃa permitir.
De vuelta a las fábricas, el siglo XIX traerÃa alambiques capaces no de destilar aguardientes que apenas rozaban los ochenta grados manteniendo el sabor del vegetal base, si no alcoholes puros que superaban los noventa y seis grados.
Mientras Holanda mantenÃa plena fidelidad a su ‘Ginever’, que usa cereales malteados y esencias de nebrinas, la London Dry Gin partÃa de etÃlico incoloro rebajado con agua.
Una destaca por su color dorado y toque dulce; la otra, en vez de un origen define un tipo universal y posee transparencias de cristal.
Los oficiales del Imperio Británico crearon el gin-tonic para evitar la malaria echando quinina (tónica) en la ginebra, ignorantes que la combinación, bendecida por una fresca magia, pronto se harÃa universal.
Las ginebras, además de bayas de enebro, llevan la intemerata: fresa, almendra, anÃs, angélica, canela, cÃtricos, frutas del bosque, frutos secos, especias, hierbas medicinales y un imaginativo catálogo de componentes: cada marca viene con su color, aroma, sabor, complejidad, matiz y, en resumen, personalidad.
Para comprobarlo está ‘Gin Planet’, que llega a su segunda edición aumentado y ampliado y que se celebra hoy, jueves, 5 de julio, en el Restaurante Las Delicias de Somió (Gijón), de 17 a 22 horas, con un precio por entrada de 25 euros que dan derecho a probar las 20 referencias y expositores presentes entre ginebras y tónicas. Los gin-tonic solicitados los prepararán un plantel de grandes profesionales del bar y la DJ Mónika Osmo amenizará la velada. De 17 a 19 horas el acceso será exclusivo para hosteleros.
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