Inaciu Hevia Llavona Autor del libro ‘Sidra y lagares tradicionales en tierras de Maliayo’
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El escritor defiende la declaración de la cultura de la sidra como Patrimonio de la Humanidad: «La sidra
tiene un arraigo en Asturias que no tiene ninguna otra bebida en ninguna otra región del mundo»
naciu Hevia se crió en Cabranes y en Villaviciosa, con mucho contacto con Colunga. Nacer, nació en Gijón, en 1965, y quizás tanto paisaje y paisanaje asturiano que vivió le hizo enamorarse de esta tierra hasta el punto de haber creado una de las obras imprescindibles del mundo de la gastronomÃa asturiana. Su libro ‘Sidra y lagares tradicionales en tierras de Maliayo’ y su labor de años para crear un trabajo como éste, merecen un alto en el camino. El lugar elegido para su presentación, el llagar de Tano, que hace sidra desde 1905 de forma ininterrumpida.
–¿Cuánto llevó hacer el libro? ¿Dos o tres dÃas?
–(RÃe) Bueno, los últimos dÃas tuvimos mucho trabajo porque fue cuando nos llegaron los censos y no los podÃamos dejar fuera. El tiempo de esto no se puede cuantificar, porque es una búsqueda de muchos años, donde se encuentran muchas cosas mientras buscas otras. No sé, ¿ocho? ¿diez años?
–¿De dónde viene la idea de hacer este libro?
–A mi me gusta la etnografÃa, investigar y buscar... empezó por una curiosidad. En mi pueblo, mis tÃos mallaban, y las tablas del ‘caxón’, donde va contenida la magaya, tenÃan que ser de madera de cerezo. En otros llagares por ahà también, el resto de roble, de pino, como éste... pero era asÃ. Venga a preguntar y preguntar y nadie sabÃa por qué tenÃa que ser de cerezo. Sólo, que tenÃa que ser de cerezo.
–¿Y por qué?
–Porque decÃan que la madera de cerezo daba un color especial a la sidra. Esta madera tiene un tono rojizo y un olor muy agradable. A mi me gusta tallar madera y un dÃa fui a otro sitio y pregunté de qué madera era otra pieza, y era de roble, y por qué, pues porque tenÃa que aguantar mucho peso, y asÃ, poco a poco, fuimos haciendo preguntas y obteniendo respuestas. La cimbriella tenÃa que ser de fresno o nogal. Es la pieza más difÃcil de hacer, es una rosca interior.
–De todo esto se pasó a empresas fuertes, se habla ahora de exportar...
–Hay que exportar también la cultura. La Asociación de Llagareros está tratando de declararla Patrimonio de la Humanidad. Y serÃa una pasada, porque es cultura. La sidra tiene un arraigo social en Asturias que no tiene ninguna otra bebida en el mundo.
–A los toneles se les ponÃa nombre.
–Visité un llagar en Villaviciosa que en un tonel tenÃa de nombre algo asà como Florina, PepÃn. Al tiempo mirando en internet, una empresa de Jerez tenÃa escrito: se venden o alquilan toneles centenarios de sidra asturiana restaurados. Y allà estaba Florina. Eran esos.
–¿Cuánto se perdió?
–MuchÃsimo. ¡Si ves los gráficos de lo que habÃa en el libro! Hay parroquias que tenÃan 40 o 50 llagares tradicionales y, ahora, a lo mejor quedan dos o tres. Estamos hablando de que en 100 años hemos perdido más del 90% de los llagares tradicionales.
–¿Sabemos poco de esta sidra tradicional?
–En Asturias seguimos consumiendo mucha sidra, como casi siempre, pero no conocemos sutrasfondo. Esto si lo hay en Francia. Allà estarÃan cobrando entrada, y con éxito.
–Va a la par del abandono de las zonas rurales.
–SÃ, sidra se sigue haciendo y se sigue vendiendo, pero hay menos llagares aunque con más producción. Se consume mucha sidra, pero estos llagares, desaparecieron. Nosotros igual localizamos un llagar, pero para ir a visitarlo tenemos que ir tres o cuatro veces, el dueño igual vive en Madrid... es una tarea difÃcil.
–Y prestosa.
–Yo estoy encantado con la gente. El mayor patrimonio que tenemos es lo que sabe la gente que ha vivido con los llagares.
–Pepe el Ferreiro, cuando empezó su museo, la gente le decÃa que cogiera lo que quisiera, que eso no valÃa nada.
–El director del Museo de la Gaita, fue a una casa que tenÃa un violÃn antiguo, de colección y fueron a decirle a la paisana a ver si lo podÃa donar al museo. La señora aceptó y al marchar les preguntó: «¿Se debe algo?». Lo acababa de regalar... es un anécdota, pero es un ejemplo. Tenemos muy poco aprecio a nuestro patrimonio. No te puedes imaginar la cantidad de estos llagares que vimos picados para leña... da dolor.
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